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No es posible resistir, para el ojo fotográfico, el encanto de las largas sombras y la amarillenta luz del sol invernal. Comparto ese impulso que nos lleva a intentar captar enésima, en una imagen, ese no se qué de los caminos que ocultan en una curva su destino. Esta sí, (por contra de la anterior Campana de Aneou), esta es onírica, porque oculta más que muestra y nos deja como en un sueño, recién levantados, que deja de tener sentido al despertar. Sin embargo, -aquí sí-, las marcas de neumáticos, nos recuerdan que es real, a pesar de ser tan leves. Saludos de nuevo. Enric
ASINUS · 2009-01-19: 17:45
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