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El bosque y John Berger I
2008.11.15
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Incluso cuando se está trabajando en la más completa soledad, uno tiene en el bosque la evasiva sensación de estar acompañado. Una llanura, una colina desnuda o la estepa no son lo mismo. Los árboles constituyen una presencia. Mantienen, cada uno de acuerdo con su especie, un extraordinario equilibrio entre el movimiento y la quietud, entre la acción y la pasividad. Y es en este equilibrio, que se regula constantemente, en donde su presencia se hace palpable. No es de sorprender que hayan sostenido durante tanto tiempo los tejados de las casas. Acompañan. Pero su compañía es de una discreción que apenas se distingue de la indiferencia.