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Bellah: Touareg slaves -Mali-
2007.09.28
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Abel opera a Shanga. Una intervención que no pudo terminarse, por falta de dinero...
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Abel opera a Shanga. Una intervención que no pudo terminarse, por falta de dinero...
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Ségou es una pequeña aldea de Mali donde mal viven junto al río Níger los últimos parias. Los últimos esclavos del siglo XXI. Los bellah. Una tribu encadenada a su pasado. Los padres traspasan su condición a los hijos. Hasta que los tuaregs, sus señores, les dejan libres.
No fue fácil cruzar Mali en temporada de lluvias en busca de la falla de Bandiágara: las carreteras se habían convertido en torrentes de agua y barro.
Congo, un joven guía experimentado de Burkina Faso, con sombrero a lo Indiana Jones, habla un castellano perfecto. Lo aprendió en Cuba. Allí conoció a la mujer de de su vida. Pero regresó a su país…
El camino me hipnotizaba. Los termiteros de tres metros de alto eran testigos mudos del viaje. No quería perder detalle. Congo me lee el pensamiento. Decide parar y contarme una historia: Hoy todavía se abandonan junto a estos edificios de barro niñas albinas negras. Las termitas las devoran.
La inmensidad, la hermosura, la quietud de este paisaje, parece que el tiempo se haya dormido sobre su ambiente húmedo, tiñe de verde y arcilla demasiadas tragedias. El mundo no lo sabe…
Llegamos a Mopti al atardecer, lo justo para anclarnos sobre la barra del bar del hotel Kanaga. Unas cuantas cervezas bien frías son un buen revulsivo para iniciar una nueva aventura en la Venecia negra.
Congo es una de esas personas que cuando la conoces no te olvidas. Hace casi dos años que no sé nada de él, supongo que cuando nos veamos, sencillamente, nos insultaremos y nos fundiremos en un abrazo.
Estaríamos por la tercera cerveza cuando Abel se presentó en el Kanaga. Congo no lo esperaba. Me lo presentó y cenamos juntos. Abel es un médico Cubano de complexión fuerte. Un convenio de su gobierno con el maliense permite que los cirujanos cubanos cobrando un poco más puedan salir de su país. Al menos tres años. Una vez al año regresan a casa. Abel casado con Janet y con un bebé, vive en la Isla de la Juventud y sabe lo que es proteger y amar a una mujer. Pero también sabe lo qué significa derramar lágrimas de impotencia por ellas. El Bani, el afluente más importante del Níger es su mejor confidente. Todos tenemos un buen recaudador de mensajes. Y no tienen porque ser personas. Abel ha llorado sobre sus contaminadas aguas, todos los días, durante tres años. Un camello vale más que una mujer o un niño, explica durante la cena. Iván, compruébalo tu mismo. Me invita a pasar un día entero en el quirófano. Pasaría por médico cirujano para no levantar sospechas entre los autóctonos.
Mali no es más que una gota de agua en un continente donde el sida repta imparablemente en toda Africa: en Bostwana el 30 por ciento de la población padece en silencio el Síndrome de Inmunicencia Adquirida (VIH).
Más de mil médicos cubanos se reparten cada año por todo el continente interviniendo quirúrgicamente. Sin medios. Luchando contra los gobiernos autoritarios. Incomunicados bajo la armadura blanca de su bata y su mascarilla de papel.
Así son los 101 médicos cubanos que residen repartidos por toda la geografía de Mali. Así son Abel y Maribel. Dos jóvenes que abandonaron por tres años a sus familias en Cuba, a su mujer, a su marido, a sus hijos…
Desde la humildad que les caracteriza se encuentran abatidos. Han chocado brutalmente contra los muros de adobe de uno de los países más pobres de este continente fértil y solidario.
Abel y Maribel admiten que en Mali es un país donde han descubierto que las personas desconocen qué es amar. Después de ocho meses realizando operaciones de todo tipo, en las condiciones más precarias, sólo han visto llorar a un familiar por la muerte de una hija.
Aquel domingo, 13 de mayo, es uno de esos días en los que aprendes que la vida de una chica de 17 años en África tan solo vale 4.000 francos CFAR, unas mil pesetas. Y que si no las tienes mueres.
Aquella mañana, Abel se desmoronó sobre su propio cuerpo llorando. Lágrimas de impotencia y rabia. Acababa de perder a Shanga. Había muerto una mujer. Un ser humano. Para sus compañeros, los médicos malienses, un paciente más.
Eran las ocho de la mañana. Sangha esperaba pacientemente, sentada en una de las salitas del hospital de Mopti. Abel se adelantó media hora a su horario normal de consulta, para no coincidir con sus compañeros malienses. La razón era muy simple, se trataba de no hacerla pagar. De lo contrario, por una simple ecografía le hubiera tenido que pedir 3000 francos CFAR, unas 800 pesetas. Como él me pidió la noche anterior, le acompañé en su consulta. Me dejó una bata.
En cualquier tipo de operación, los pacientes tienen que comprar el hilo, los guantes, el suero, la anestesia, las gasas y el desinfectante. Unas 35.000 pesetas. En el interior del hospital existe una pequeña sala habilitada como farmacia donde el paciente, antes de pasar por la sala de operaciones debe comprar todo el material quirúrgico. De lo contrario, no se les interviene.
Lo que le sucedió a Sangha no fu excepcional. Una vez que Abel la diagnosticó una peritonitis aguda, ordenó su intervención inmediata. La infección llevaba diez días en el vientre. Iba a ser una operación complicada con los medios disponibles.
Normalmente, los médicos cubanos donan el material quirúrgico, hasta donde pueden…
Aunque la operación tenía que efectuarse con urgencia, se retrasó un par de horas. Con la llegada de los médicos nativos al hospital, se limitó la libertad de movimiento de Abel y Maribel. Las discusiones en las salas del hospital era algo habitual. Yo siempre detrás de Abel. Atento, discreto. Escuchaba continuamente el mismo dilema. Salvar o dejar morir…dependiendo del dinero aportado.
Y comenzó la operación. Sangha yacía completamente desnuda. Anestesiada. La sala de operaciones era un hervidero de médicos que entraban y salían a cara descubierta y zapatos embarrados. Después de una hora de delicada operación y más de tres litros de pus extraídos, algo no iba bien... Abel inquieto, me observaba. Creo entender. Me fijo en la entrada de la sala de operaciones. Un médico maliense se precipita en su salida. Es peor de lo que pensaba, me explica. La infección se ha extendido por el hígado y no tienen los medios para atajarla. Cede el instrumental a un compañero. Ahora sólo cabe esperar.
Cuando salimos del quirófano en dirección al Bani, Abel no puede evitar llorar. Los pacientes llegan en una situación límite, casi muertos. Día tras día. Continuamente, sin descanso, sin días libres, durante doce meses seguidos y con la familia en Cuba.
Shanga murió al día siguiente. (Ver fotos)
En ocasiones, los médicos malienses se quedan con las aportaciones donadas por ONGs para venderlas posteriormente a los pacientes, elevando el precio.
El hospital de Mopti es un claro ejemplo de la situación límite en la que se encuentra la mujer de este país. Después de cada parto quedan literalmente reventadas por dentro. Hasta que no se desmayan por el dolor no acuden a un médico. En muchas ocasiones, los hombres no facilitan el dinero para una operación porque prefieren mantener en buenas condiciones el ganado. Anteponen la muerte una de una de sus esposas o hijos a una cabeza de ganado..
A la mañana siguiente Abel se une al desayuno en el hotel Kanaga, nos fundimos en un fuerte abrazo y nos dedicamos un hasta luego, le vería a mi regreso del País Dogon, prometo ir a ver a Janet, su mujer, a la Isla de la Juventud en Cuba y así lo hice…
Seguimos nuestro camino, de la mano de Dios, supongo. Congo percibe que algo no va bien. ¿Te sucede algo Iván? Le miro y sonrío. Él sabe. Mi mente todavía se encuentra en la sala de operaciones de Mopti.
La tradición es la transmisión de unos hechos históricos, unas costumbres. Pues bien, los movimientos de este viejo continente se articulan bajo esta premisa. Y de aquí nace el honor de la familia y el rechazo. Las madres en pleno siglo XXI amputan el clítoris a sus hijas, unas niñas, y las regalan cuando les baja por primera vez la menstruación. Esto es la tradición. Cuando comprometen a una de sus hijas, las punzan alrededor de de los labios hasta diez veces. La sangre coagulada por las perforaciones provoca una intensa mancha negra alrededor de la boca. Si tienen suerte, su futuro marido sólo le sacará veinte años. Obviamente, la tradición, también obliga a convivir junto a otras tres mujeres. Y el honor, juez inquebrantable, asegura que el ritual se cumpla.
Según los médicos cubanos destinados en la zona, el 99 por cierto de las mujeres malienses padecen la amputación del clítoris. Es un acto clandestino e íntimo. Las más ancianas del poblado asumen el papel de cirujanas. Utilizan cualquier instrumento que corte: una lata, una cuchilla... No temen a las infecciones. Si muere una niña, no pasa nada...
Las ONGS prefieren no intervenir. No pueden. El gobierno no lo prohíbe oficialmente. La mujer sufre desde su nacimiento un proceso degenerativo continuo e imparable.
Pero en Mali también hay jóvenes que luchan por mover la losa de la historia. Es el caso de Congo.
Durante aquellos meses y con tan sólo 29 años, este rastreador de leones en Burkina Faso, luchaba porque su ex mujer y su familia, no le practicasen a su hija con una lata oxidada la ablación de clítoris de seis meses de edad. Teme que un día regrese a su casa de Mopti y se encuentre a su hija mutilada. .
Las historias se amontonan, empujándose a lo largo de este recorrido por la vida. Sin querer, saltamos de un tren a otro cruzando atravesando sus vagones, conociendo personas tan dispares como afines. Y al final de nuestra vida todo toma forma. Nuestra vida se convierte en un lienzo. ¿Quién lo pinta?...
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Comments
great set of photo feature.
thanks for share.
i respect yr hard work. you're genious n leabourious.
great captures
There is a woman in Somalia
Scraping for pearls on the roadside
There's a force stronger than nature
Keeps her will alive
This is how she's dying
She's dying to survive
Don't know what she's made of
I would like to be that brave
She cries to the heaven above
There is a stone in my heart
She lives a life she didn't choose
And it hurts like brand-new shoes
Hurts like brand-new shoes
There is a woman in Somalia
The sun gives her no mercy
The same sky we lay under
Burns her to the bone
Long as afternoon shadows
It's gonna take her to get home
Each grain carefully wrapped up
Pearls for her little girl
Hallelujah
Hallelujah
She cries to the heaven above
There is a stone in my heart
She lives in a world she didn't choose
And it hurts like brand-new shoes
Hurts like brand-new shoes
A sade Song
Lorena · 2007-09-28: 12:10
es realmente admirable Iván, el trabajo que has hecho.. .y haces
cuando vemos esas fotos y leemos estas cosas, el corazón se encoge y el estómago se revuelve, pero ......después volvemos a nuestra cómoda vida.
Saludos, me impresiono mucho esta serie digna de un antropólogo, pero a la vez con la fuerza de la denuncia de un periodista serio, además son todas bellísimas. Gracias por la lección de fotografía.
Impressionante este relato! É verdade, o mundo não sabe disso!!!
Não tenho palavras para descrever o que sinto..
Excelente trabalho.
Marcos Emilio Frizzo · 2007-10-13: 23:32
Parabens Ivan!
Teu blog me emocionou
Estive em Mopti há 35 anos.Não havia nem hospital,nem água tratada.Os franceses estavam chegando para construir a planta de água.O calor estava tão intenso que ficavam com pedras de gelo aos pés.
Estive em muitas cidades em especial Djenne onde fotografei a mesquita.Vc tem fotos de lá?
Um abraço cordial
Izaak
Izaak · 2007-10-24: 05:30
Gracias por mostrar y compartir distintas realidades, paisajes, momentos que están ahí ... Saludos.