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La vaca que llora...
2008.02.28
Djanet. Sur de Argelia.
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Djanet. Sur de Argelia.
Hoy he sentido el blanco y negro del desierto…
El mula-mula, el pájaro del viajero, ha desplegado sus alas sobre mi cansancio, y me ha confesado un secreto:
Más allá del rayo verde, existe un lago de agua dulce donde todas las mañanas las dunas se engalanan antes de aventar su caravana de arena hacia otro manantial.
Más allá, los camellos son albinos y de ojos claros.
Más allá, los príncipes del desierto han abandonado el azul de los escarabajos y se han vestido con la luz invisible de las mariposas.
Más allá, la naturaleza habla con el lenguaje de los signos.
Más allá, existe un lugar donde las palmeras se han convertido en girasoles y los juncos en anclas. Las redes, en pequeños peces de colores y el calor en vergel.
Más allá, las sombras se alargan a cualquier hora del día.
Más allá del Hombre, los esclavos arrastran la cadena de la libertad, siempre en sentido contrario a la salida de sol…
Más allá, las leyendas se transforman en impenetrables montañas del diablo donde se acercan los más valientes.
Más allá del rayo verde, las mujeres del desierto son hermosas y con patas de cabra.
Más allá, la constelación de Orión sonríe. Las estrellas se atreven a levantar las faldas y a descender por la puerta de atrás para beber en las aguas dulces del recuerdo.
Más allá, en lo imposible, la luna brilla sobre las arenas y se apaga sobre las aguas…
Más allá de la noche, el fuego ha dejado de crepitar y el té se ha quedado sin susurro.
Más allá del murmuro, el Teneré se ha quedado sin canción de cuna y las rocas sollozan sin descanso.
Más allá de la puesta de sol, existe una hermosa vaca que llora…