A mediodía salí a dar un paseo en bici. Hacía un frío horroroso y todo estaba helado (#1); estuve a punto de darme la vuelta, pero aguanté. Además, la niebla (#2) se me metía por todas partes en cuanto cogía un poco de velocidad con la bici. Empecé a tiritar y, ahora sí, me dí la vuelta. Pero al poco ¡sorpresa! la niebla se empezaba a levantar (#3) e incluso salió un tímido sol invernizo (#4).