Estos chozos se encuentran en los páramos del valle del Duero.
Fueron utilizados hasta hace pocos años por los pastores, que pasaban largas temporadas con los rebaños lejos de las poblaciones. En ellos se podían guarecer, especialmente por la noche, e incluso encendían fuego; el humo salía por el agujero de lo alto de la bóveda (humero).
Normalmente poseían corralizas al lado donde se recogía el rebaño.
Puede decirse que se han venido construyendo de la misma manera durante siglos. Ya en la época prerromana abundaban construcciones similares.
Hoy no se usan y, poco a poco, los vamos perdiendo.